domingo, 21 de junio de 2015

Bang.

Fuera lluvia y dentro paz.
Un piano, un cigarrillo, un folio y una montaña de libros.
Insomne.

Suenan los pasos delicados de unos zapatos de charol caminando sobre el parquet. Lento. Casi flotan.
La puedo ver a ella, seria, fingiendo una sonrisa por dentro. No le importa qué vean los de fuera.

-Uno, dos, tres (...) quince, dieciseis, diecisiete (...) cincuenta...-Piensa para sí, contando cada paso que da, sin apartar la mirada del suelo.

La melodía triste de un piano suena en sus auriculares, aunque casi no lo percibe. El reproductor le cuelga del cuello a punto de caerse a cada paso.
Empuja la puerta sin fuerza y siente la lluvia humedecer su cabello. Mojarla. Emapaparla.
Arranca los auriculares de sus orejas y deja caer el aparato al suelo embarrado.
Preciosa.


Salí tras ella después de un rato observandola, observando los charcos. Y ella era uno más.
Cogí el aparato destrozado y manchado del suelo y se lo ofrecí sin recibir a cambio una sola mirada.
-Creo que se ha estropeado.- Murmuré.
Sabía que no iba a inmutarse.
La estuve observando demasiado tiempo. La estuve observando desde el primer día en que llegó al centro y jamás la ví dirigir una palabra a nadie. Apenas un par de miradas cuando la obligaban.
Pero la conocí. La conocía bien y sabía porqué estaba ahí.
No había escuchado un solo rumor, pues no los había, pero se le veía en la mirada.
No era bipolar, no era depresiva, no era anoréxica, no era víctima de nada.Y decidí.
-Gracias.- Le dije pretendiendo que nuestras mentes se fundieran con aquella simple palabra, que entendiese lo que quería. Que entendiese que la conocía.
Y jamás sabré si lo conseguí o fue casualidad, pero ocurrió.

No pude ver de dónde la sacó, ni en aquel momento ni en ningún otro.
Me miró a los ojos, apuntó y apretó el gatillo. Sonrió, por primera y última vez. Caí. Los pájaros volaron. Mi vista se nubló. Sonó un disparo más.
Sonreí, por primera y última vez.


Fuera lluvia y dentro paz.

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