lunes, 22 de junio de 2015

Luz y oscuridad.

Una pequeña esfera de un blanco translúcido brillaba en la penumbra.
No existía una luna que la eclipsara ni un sol que la asustara. Tintineaba en la oscuridad y tarareaba en el silencio. Quizá aún más sutil que este mismo.

Flotaba lenta y suavemente, arriba y abajo, con un débil destello blanco y la apariencia de una pequeña bola de algodón.
Avanzaba por un sendero, practicamente oculto, que salía del bosque desde su mismo corazón.
Sin prisa, a veces daba la impresión de que recapacitaría y retrocedería para volver a internarse en la más remota oscuridad. Al fin y al cabo, era su labor, había nacido para ello, para vivir oculta de cualquier mirada humana.
Pero aquella esfera era especial, diferente a las demás, aquella esfera daría el paso que todas las esferas debían dar, pero les faltaba valor; les faltaba ser ellas mismas.

Todas la observaban mientras salía del bosque lentamente, sin dejar de brillar. Se preguntaban si sería capaz. Algunas reían, otras dudaban, otras se ocultaban asustadas bajo las hojas secas que el otoño había dejado caer, pero todas la observaban, y en el fondo, todas coincidían en algo: Querían que saliera del bosque.
Las esferas habían pasado toda su existencia, generación tras generación soñando que una de ellas daba aquel paso. Muchas habían amenazado con hacerlo, muchas habían asegurado que lo harían, y el tiempo las había apagado sin que jamás supieran cuanto llegarían a brillar si salieran de aquellas enmarañadas sombras en las que estaban atrapadas.

Pero ella dio el paso, ella salió del bosque y el resto de esferas la siguieron.
Recorrió un largo camino abandonado y el resto de esferas la siguieron, aun dudando, escondiendose tras rocas y arbustos.
Recorrió carreteras, y el resto de esferas la siguieron, con más ganas, con más confianza en ellas mismas.
Llegaron a la ciudad, y la esfera sintió que una emoción enorme recorría su diminuto y brillante cuerpo, haciendolo brillar cada vez más y más. Brillaba más de lo que nunca imaginó que podría llegar a brillar una esfera.

<<Hasta entonces siempre había pensado que cualquier brillo es más fuerte en la oscuridad, pero había vivido engañada.>>

Brillaba tanto que los seres humanos dirigían hacia ella sus ciegos ojos.
Los ojos que se habían obligado a cerrar tantas veces, los ojos que solo querían dormir para siempre, ponerse en blanco en un signo de incredulidad, de pasividad, de rendición.

La esfera observó que comenzaba compartir su brillo con los ojos de las personas que la veían mientras avanzaba. Observó que lo mejor que podría haber pasado era que el resto de esferas que tanto tiempo estuvieron inmersas en la oscuridad la siguieran, porque hacían que aquellas miradas brillaran aún más.

Tantas esferas luminosas recorrieron la ciudad que las personas comenzaron a brillar por si mismas, reflejando a estas.

Cuando la pequeña y valiente esfera llegó por fin a su destino se paró en seco.
Delante de ella había un chico, sentado en el banco de un parque con los pies sobre este y unos auriculares sobresaliendo de sus orejas.
Sintió el calor que desprendía la pequeña bola blanca que flotaba frente a él, levantó la mirada y con un dedo se desprendió de los auriculares. Se escuchó una sutil y lejana melodía.

El adolescente clavó sus brillantes ojos en la esfera y esta se abalanzó sobre él a toda velocidad, como si lo necesitara para vivir (sería así) es estrelló en el rostro del chico y se fundió con su piel haciendole sentir que una cálida sensación le recorría el cuerpo de pies a cabeza y un palpitar nuevo danzaba en su pecho.

El resto de esferas observaban tras las papeleras, los bancos, las piedras, arbustos, árboles y farolas mientras esperaban una reacción, cuando el chico introdujo su mano en uno de los bolsillos de su pantalón vaquero y sacó un sobre, recorrió el parque, bajo a atenta mirada de las esferas luminosas y lo depositó en el buzón que había a la salida del parque.
-Lo he hecho. Lo haré.- Y sin importar qué, hacer era lo que importaba.

Las esferas se separaron con una extrema euforia, como disparadas por cañones. Iban a toda velocidad deseando estrellarse con sus compañeros, buscando entre el bullicio de ojos luminosos que antes de ellas estaban tan apagados.
Una fue a parar a la frente de un anciano, otra a la barriga de un infante, otras tantas a madres y padres, abuelos y locos, profesores, científicos, religiosos, políticos, reporteros, escritores, músicos, basureros y conductores de camiones y motos.

Una mujer decidió que debía pintar ese cuadro, un hombre que debía componer esa canción, un niño decidió que iba a ser astronauta y, treinta años después pisó la luna, una chica fue madre soltera y un chico decidió que no merecía la pena perdonar tantas veces.

Lo cierto es que aquel día las esferas luminosas cambiaron el mundo, cambiaron a la humanidad al completo. Había una para cada persona, un sueño que cumplir, una valentía que sacar a flote, un "lo haré" para cada ser humano.
Y yo lo vi todo desde una ventana con el marco blanco de madera astillada.

Vi como cada uno de ellos sonreía, luchaba por cumplir sus sueños, descubría que existía algo que merecía la pena. Vi como sus miradas brillaban.

Pero me preguntaba una cosa, ¿qué habría pasado si aquella esfera valiente nunca hubiera salido del bosque? ¿Qué habría pasado si ninguna de aquellas esferas la hubiera visto nunca estrellarse contra su humano y hacer que este decidiera luchar y "hacer"? Lo cierto es que el mundo apenas habría cambiado si aquella esfera no hubiera salido de la oscuridad, o incluso si hubiera salido ella sola, sin ninguna de sus compañeras detrás.
Todo había sido gracias a una sola esfera, ¿o no?
Solo hace falta que alguien de el paso, que ilumine tu mirada, que te empuje a hacer algo, a seguir adelante, solo hace falta un pequeño empujoncito.

Pero quizá hay personas que no quieren que les empujen.

Sigo escuchando los golpes de una pequeña esfera blanca y casi translúcida que choca contra mi puerta una y otra vez. Mientras yo miro por una ventana con el marco blanco de madera astillada.

<< Al fin y al cabo, cualquier brillo es más fuerte en la oscuridad.>>

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