domingo, 21 de junio de 2015

Miedo.

¿Cómo iba yo a saber que aquellos monstruos seguían vivos?
Siempre supieron ocultarse demasiado bien.

¿Cómo iba yo a saber que volverían?

-¿Caroline?-Sonó casi en un susurro.-¡Caroline!

Abrí los ojos y el mundo se aclaró. Tomé aire. Parpadeé y me incorporé.

-¡Estoy en la bañera, Pam, ahora salgo!

Me puse de pie y me aclaré.
Lo mejor sería no pensar, desde luego, pero ahora sabía que no se habían ido, que aquellos monstruos, sombras, o como fuera que se llamaran seguían cerca. Cerca de mi, cerca de Pam y cerca de todos nuestros seres queridos. Afectando a todos y cada uno de ellos como en su día afectó a nuestra madre del mismo modo.

Las gotas de agua ardiendo resbalaban por mi piel y el vapor apenas me dejaba ver.
Me enrollé una toalla al cuerpo y salí por la puerta del baño, con aquella humareda detrás.

-Uh, incendio.- Rió Pam.
-Ojalá.-Hastío.-¿Cómo estás?
-Carol, por favor, anímate un poco, acabas de salir de darte un larguísimo baño caliente, cualquier mujer en tu lugar sería la más feliz del mundo.-Murmuraba algo en voz baja mientras recogía la casa, la cual había dejado patas arriba.-Ah, bien, estoy bien, vengo de echar curriculums. Tú deberías hacer lo mismo. No podemos seguir en esta situación. En dos meses no podrémos pagar...
-Pam, tengo que hablar contigo.- La interrumpí sentandome en el sofá y sintiendo como se empapaba.
Mi hermana me miró muy seria de repente, como si me hubiera leído la mente. Sentí como resbalaban dos gotas por mi espalda. Me dio un escalofrío.
-¿Qué ocurre, Caroline?- Preguntó con preocupación mientras se sentaba a mi lado con una bola de papeles arrugados en la mano.
-Verás... No ha acabado. Las sombras. Siguen aquí.- Casi me da un infarto cuando se echó a reír de repente. Evidentemente, esperaba una reacción muy distinta.
-Caroline, ya sé que las sombras siguen aquí. Siempre estarán aquí. Siempre estaré aquí.- El cuerpo menudo de Pam empezó a crecer hasta que se transformó en una enorme silueta negra de ojos verdes claros, demasiado claros y aliento a hierro. ¿O era sangre? -Sabes que odio que me llamen sombra.-
Una voz comenzó a gritar en mi cabeza, una voz aguda y chirriante, cuya misión parecía ser hacer que mi cráneo estallara en mil pedazos.
Los ojos de Pam, mejor dicho, de aquella sombra, pues ya no era mi hermana, estaban cada vez más cerca de los míos, eclipsandolo todo. Pude sentir la presión de sus manos en mi cuello. Pude sentir el sonido del metal afilandose, como si saliera de alguna parte de su cabeza para introducirse directamente en la mía. Y aquel grito horrible no paraba.
Pude sentir la sangre en mi boca y un terrible dolor en el estómago. Un corte. La sangre brotar.

Sentí que me ahogaba en sangre extrañamente helada.

Abrí los ojos y el mundo se aclaró.

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