domingo, 12 de julio de 2015

Londres.

Perdoname, Londres, que nos dimos dos años de vida y aquí sigo, escribiendo y respirando.

Nos prometimos un tiro en la cabeza en homenaje a Kurt Cobain y solo he de decirte que fui tan capaz de hacerlo como de volver a ti, pero joder, habría sido tan estúpido como adorar a Nirvana por los ojos azules del rubito.

Londres, solo me enseñaste a delinquir y a discutir, a no preocuparme, porque solo debía parecer que las cosas dolían, darle intensidad para ser un artista. Forzar la intensidad, para creernos artistas.
Pero los graffitis eran una mierda y las canciones aun más.

Tengo que decirte que llegar a ti fue un simple acto de rebeldía. Las pulseras de pinchos y las camisetas rotas solo me hacían odiar y odiarme.
No pude no preocuparme. No pude fingir intensidad para ser una artista.
Yo quise ir a Londres para ser Londres y vivir por ella, para ella y con ella. Pero Londres era una farsa.

Sid no era tan guapo cuando se drogaba, su amor no era envidiable.

Cuántos cristales rompimos. Cuántos cristales rompiste en las calles de Londres, en ti, sin darte cuenta.
Porque tú cumpliste tu promesa de pegarte un tiro en la cabeza en homenaje a Kurt.

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