sábado, 8 de agosto de 2015

El último viaje en tren.

Mi vida se había convertido en un tren. Yo era un tren.

He sido nube, agua, oscuridad, una estrella, la misma luna e incluso he sido humana. Pero, a pesar de parecer simple, la época en la que fui tren fue de las más importantes.
Mi cometido era simple: Seguir siempre adelante. Avanzar, avanzar, avanzar y llevar siempre a las personas conmigo. Luego las personas se alejaban de mí, sus vidas continuaban y yo volvía a avanzar sin olvidar a ninguna de ellas.
Hay personas que pasaban por mi vida como si nada. Solo eran un borrón, no aportaban nada. Pero había personas increíbles, personas a las que ves sonreír, ves enamorarse, personas a las que ves llorar tras una despedida o de camino a un reencuentro, siempre pasando por mí. Y luego tengo que abrir las puertas, quedarme en silencio y dejarlos marchar, mientras paso el resto de mi larguísima vida intentando convencerme de que soy capaz de olvidar lágrimas, sonrisas, conversaciones.

El reflejo triste en el cristal cuando atravieso un túnel oscuro.

Pero eso no importa, ellos solo vienen y se van.
Y yo solo soy un tren y mi cometido es avanzar, avanzar, avanzar y guardar silencio.

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