martes, 17 de noviembre de 2015

Éramos el corazón del mundo.

Hubo un día en el que yo era pequeña. Una pequeña luz, pálida, de colores claros. No sabía de sombras. No sabía de oscuridad, de luchar. Ni siquiera sabía de luces, para qué nos vamos a engañar.

Éramos el corazón del mundo, claras y suaves.  

Y descubrimos la inocencia. Los roces y los abrazos, las lágrimas tiernas.
Descubrimos el arte. El mundo se llenó de luz cuando descubrimos el arte. El mundo se convirtió en arte y entendimos de luz. De ser luz. De estar tan alto y ser tan poco y suficiente.

Los colores se mezclaron y aun siendo claros, había cientos de variedades, cientos en todos nosotros. Todos en un mismo lugar. Y conocimos los sentimientos. Y aprendimos a crearlos. Ay, el arte.

Compusimos melodías, pintamos cuadros, inventamos coreografías, construimos y moldeamos y escribimos cuentos y los colores se hicieron más intensos. Pretendimos crear colores. Emociones. Sentimientos.Descubrimos las emociones más puras y sinceras. Y descubrimos los sentimientos, y el amor dejó de ser amor.
Todos querían ser de un rojo intenso. Todos querían crear el rojo intenso provocando esta emoción.
Y su arte también, y su música, y sus cuadros, y sus edificios y esculturas y sus cuentos y películas y sus bailes. Pero era un rojo precioso. Todos querían ser del rojo más precioso.

Hubo un tiempo en el que todos fuimos rojo y aspirabamos a más.

¿Qué demonios era aspirar a algo por aquel entonces? Nunca supimos de sueños, nunca supimos de luchar por algo, nunca supimos de competir de arriesgar. Hasta que quisimos tener el rojo más oscuro.

Cuánto nos costó llegar a ese color, ¿verdad? Recuerdo aquellos tiempos en los que no conocíamos el negro, recuerdo aquellos tiempos en los que aún nos quedaba dentro el azul del cielo, el rosa de las flores, el blanco de los vestidos que tejíamos para aquellas noches de baile. Aún recuerdo cuando reflejábamos el color de la hierba sobre la que dormíamos. Cómo se mezclaban los colores en nuestro interior, creando un precioso mosaico. Éramos arte. Éramos luz.

Recuerdo lo que se sentía, pero ya no recuerdo aquellas luces. Sé que eran preciosas. Sé que vivíamos en paz, que todo estaba tranquilo. Recuerdo cuando conocimos la risa. Cuando aprendimos a reír. Pero ya no recuerdo cómo sonaba.
Porque empezamos a desear ser de colores más intensos, sin darnos cuenta de que eso nos convertía en colores más oscuros. Empezamos a pelear por ser las mejores, por ser las más bonitas. Empezamos a pelear por acaparar el negro.
Claro que seguíamos siendo luces, y necesitabamos seguir creando emociones. Necesitamos que el resto de las luces nos miraran. Necesitabamos ver que hacíamos algo bueno por todo lo que habíamos creado, y seguimos oscilando entre el rojo, que tanta pasión y ceguera creaba, ese rojo intenso que había dejado de ser rosa pastel,que había dejado de ser amor, y el negro.

Casi todos los recuerdos que me quedan son de cuando descubrimos el color negro.

Recuerdo como todas las luces se fueron apagando poco a poco. Cómo el arte dejaba de existir, como las risas que tan melódicas vibraban al principio se convertían en grotescas cuchillas afiladas que arañaban los transparentes cristales.

Olvidamos el verde, el azul, el rosa, el blanco. Olvidamos los colores, los cantos, las caricias, los besos, los abrazos. Olvidamos los roces. Los sueños, las metas, la verdadera lucha. Solo existía la lucha por conseguir el negro sin dejar de deslumbrar con aquel rojo.

Olvidamos la fuerza, las ganas, la ayuda, la solidaridad. Olvidamos que éramos luces. Nos olvidamos de alumbrar y de construir.

Conocimos la destrucción, el odio, la miseria. Aprendimos a dar patadas y puñetazos, a morder y desgarrar. Aprendimos a olvidar. Hasta dejamos de llorar. El gris pasó por allí, pero a quién le importaba. Ni siquiera existe el blanco ya. Nos apagamos y nos silenciamos. Nos quedamos sin colores. Nos quedamos sin esperanza. Abrazamos al miedo. Y consiguieron los que se propusieron; convertirse en sombras. Bañarlo todo de rojo y negro. Pero ha dejado de ser aquel rojo tan bello. Ha dejado de serlo.

Solo puede haber un rojo que lo bañe todo si el corazón del mundo se vuelve negro.