miércoles, 22 de febrero de 2017

Tres puntos.



Imagina que nada de esto ha ocurrido. Que no nos hemos conocido en esta época ni en este tiempo ni en esta racha ni con esta edad.

Imagina que no soy como soy. O solo con lo bueno. Imagina que no soy la persona más autodestructiva que has conocido nunca. Que la ansiedad no ha pasado nunca por mi pecho y que nunca me he hecho daño.

Imagina que fueramos normales y discutiéramos por ser impuntuales o porque has pagado más pizzas que yo.

Que nos vamos al fin del mundo en caravana o en coche, o en autobús, que nos bañamos juntos en la playa sin complejos, que sentimos celos de nuestros exs, que hacemos el amor todas las noches y no me echo a llorar después.

Qué bonito sería si no fuera yo. Si todo esto no lo hubiera provocado yo. Si mi mierda nunca te hubiera salpicado. Como a todos. Y tú dices que no te importa. Como todos.

Dices que no vas a permitir que nada te separe de mí y que me quieres con lo bueno y con lo malo. Pero yo creo que me quieres porque te quiero, porque quién soportaría esto.
Si me cargo a todo el que se me acerca.

No quiero romperte a ti, que eres lo que más quiero. No quiero romperte como lo he hecho con todo. Y sé que voy a terminar haciéndolo.

Así que voy a fingir que no estamos en esta época, ni en este tiempo, ni en esta racha ni con esta edad. Voy a fingir que no soy como soy, que solo soy lo bueno. Que no me autodestruyo ni tengo ansiedad ni me hago daño.

Voy a fingir que soy normal y discutiré porque eres impuntual o porque pagas más pizzas que yo.

Voy a soñar que voy al fin del mundo contigo y nos bañamos en el mar sin complejos. Voy a ponerme celosa de tus exs y voy a hacerte el amor todas las noches sin echarme a llorar después.

Será bonito no ser yo. Será bonito dejar de salpicar a todo el mundo.

lunes, 20 de febrero de 2017

De las que dan miedo.





 He intentado ser fuerte, pero siempre rompo algo.
He intentado ser aire, pero siempre termino asfixiando.
He intentado ser agua, pero siempre termino ahogando.
Caigo cuando corro y si me quedo quieta siempre echo raíces en los peores asfaltos.
Siempre en el ojo del huracán, en el centro de la tormenta y en los faros más apagados.
Pero espero y me mantengo, con grietas, pero entera. Como una muñeca de porcelana de esas que dan miedo. De esas.
A las que les quitas la ropa y por dentro es todo trapo. Sucio y mojado. Del agua salada que rompe en el faro.